La actividad organizada por el Departamento de Ciencias de la Educación Física, reunió experiencias profesionales vinculadas a neurodivergencias, alimentación, salud mental y deporte adaptado.
Con el propósito de compartir experiencias profesionales y generar espacios de reflexión en torno a los nuevos desafíos de la educación física y las ciencias del ejercicio, se desarrolló el 5° Seminario de Experiencias Profesionales en Educación Física y Ciencias del Ejercicio, organizado por el Departamento de Ciencias de la Educación Física de la Universidad de Los Lagos.
La jornada reunió experiencias provenientes de distintos ámbitos de intervención, poniendo especial énfasis en la neurodivergencia, la alimentación, la salud mental y el deporte adaptado, y en la importancia de avanzar hacia prácticas profesionales que consideren las características y necesidades particulares de cada persona.
Una de las exposiciones estuvo a cargo de Ivanna Hidalgo, nutricionista, quien presentó la ponencia _“Cuando comer no es sólo comer: abordaje de la selectividad alimentaria en personas neurodivergentes”_. En ella explicó que el rechazo o la selectividad frente a determinados alimentos no necesariamente responde a una decisión voluntaria, sino que puede estar relacionado con la manera en que las personas neurodivergentes procesan los estímulos sensoriales.
Según explicó, aspectos como la textura, el olor, la apariencia, la temperatura, el sonido e incluso el reconocimiento de las señales de hambre y saciedad pueden convertir el momento de comer en una experiencia particularmente compleja.
La especialista destacó además que la selectividad alimentaria puede tener consecuencias tanto nutricionales como sociales. De acuerdo con los antecedentes presentados durante la exposición, un 78% de las personas que presentan selectividad alimentaria tendría riesgo de deficiencias nutricionales, según literatura especializada citada en la presentación.
El impacto también puede extenderse al ámbito escolar. “El comedor puede transformarse en un importante foco de estrés debido a los olores, el ruido y la presión social que implica alimentarse junto a los pares. A ello se suma la posibilidad de experimentar ansiedad o incomodidad cuando existen diferencias en la manera de comer”, comentó la experta.
Frente a esta realidad, planteó diversas estrategias de acompañamiento, entre ellas capacitar al personal de los casinos escolares en neurodivergencias, déficit atencional y sensorialidad; anticipar los menús mediante apoyos visuales; ofrecer los alimentos sin obligar a consumirlos y flexibilizar la exigencia de “probar todo”, además de fortalecer la comunicación entre el establecimiento educacional, las familias y los equipos tratantes.
La propuesta se sintetizó en cuatro pilares para avanzar sin presión: reducir la presión durante las comidas, realizar una exposición gradual sin exigir el consumo, avanzar mediante pequeños pasos desde alimentos seguros y conocidos, y establecer rutinas predecibles junto con el modelado.
En este proceso, agregó, la familia también cumple un papel fundamental, especialmente a través de la valoración de los pequeños avances, el cuidado del lenguaje utilizado durante las comidas, compartir los espacios de alimentación sin convertirlos en una negociación y disminuir los conflictos en torno a la comida.
Una experiencia escolar con enfoque multidisciplinario
En una línea complementaria, Astrid Agüero, nutricionista y encargada del programa Vida Sana con Enfoque Neuro Motor de la Escuela Anahuac, compartió la experiencia desarrollada en ese establecimiento educacional.
La escuela cuenta actualmente con 323 estudiantes, de los cuales 121 son neurodivergentes, y su programa Vida Sana surgió luego de que en 2016 el CECOF Anahuac detectara que un 30% de su estudiantado presentaba sobrepeso y un 40% obesidad.
A partir de esta realidad se comenzó a desarrollar un trabajo con un fuerte componente multidisciplinario, integrando a profesionales de distintas áreas, entre ellos profesores de educación física, educadoras diferenciales, nutricionistas, asistentes sociales y psicólogas, además del trabajo conjunto con las familias. “La experiencia también ha implicado adaptar los espacios escolares a las necesidades de los estudiantes, incluyendo una sala de máquinas y una sala de regulación para menores con neurodivergencia, buscando generar condiciones que favorezcan tanto la actividad física como el bienestar de los niños y niñas”, detalló Astrid Agüero.
De esta manera, la experiencia presentada permitió mostrar cómo la promoción de estilos de vida saludables requiere ir más allá de la práctica deportiva o de las recomendaciones nutricionales, incorporando las características individuales, el entorno familiar y escolar y las necesidades de regulación de cada estudiante.























