Más que una cifra: una presencia que se mantiene en el tiempo
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Juan Carlos Millaquipay Albarrán

Analista, Dirección de Estudios Estratégicos

Miembro del Consejo Asesor de Pueblos Originarios de la Universidad de Los Lagos.

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En la Universidad de Los Lagos es conocido que cerca del 40% de los estudiantes que responden la encuesta de caracterización declara pertenecer a algún Pueblo Originario. Es una cifra que probablemente ya no sorprende. Lo que resulta menos conocido es que ese porcentaje se ha mantenido prácticamente estable a través de los años.

Entre 2020 y 2026, han cambiado las generaciones de estudiantes, pero la proporción se ha mantenido cercana al 40%. Esa continuidad permite mirar el dato de otra manera: no parece tratarse de una situación particular de uno o dos años, sino de una característica persistente de la comunidad estudiantil.

Y eso abre una pregunta interesante: si aproximadamente dos de cada cinco estudiantes que responden esta variable pertenecen a Pueblos Originarios, y esta proporción se repite año tras año, ¿qué significado debería tener esta realidad para la Universidad?

Parte de la respuesta posiblemente ya está presente en distintas experiencias que ocurren dentro de la misma institución.

Una de ellas se encuentra en la formación. En la carrera de Medicina, por ejemplo, el programa de estudios incorpora una asignatura vinculada con la medicina tradicional, un ámbito especialmente pertinente en un territorio donde existen experiencias de salud intercultural y donde los conocimientos tradicionales mapuche forman parte de la realidad de algunas comunidades. Pero el encuentro con la cultura también ocurre fuera de la sala de clases.

Cada año, la celebración del We Tripantu reúne a integrantes de la comunidad universitaria en torno a una de las ceremonias más significativas de la cultura mapuche. Para algunos estudiantes es una tradición conocida; para otros, puede representar una oportunidad de acercarse por primera vez a una ceremonia de estas características.

Esto último permite comprender algo que las cifras por sí solas no muestran. Pertenecer a un Pueblo Originario no significa necesariamente haber crecido cerca de sus tradiciones o haber tenido oportunidades de participar de ellas. Hay estudiantes que provienen de contextos urbanos y cuya relación con estas expresiones culturales puede haber sido más distante.

En ese espacio, la labor de la Dirección de Pueblos Originarios adquiere especial importancia. Actividades como el We Tripantu no solamente permiten relevar y compartir expresiones culturales, sino también generar espacios de encuentro abiertos a toda la comunidad universitaria.

Cuando se observan estos elementos en conjunto, el 40% comienza a adquirir otro significado. Ya no se trata solamente de contar cuántos estudiantes declaran pertenecer a Pueblos Originarios. Se trata de reconocer que existe una presencia que se mantiene en el tiempo, que dialoga con las características del territorio y que encuentra expresiones concretas en la formación y en la vida universitaria. Por eso, quizás la pregunta que sigue no sea cuánto representa esta población —eso ya lo sabemos—, sino qué hacemos institucionalmente con ese conocimiento.

Si esta presencia es persistente, puede constituir un antecedente relevante para pensar la planificación estratégica, fortalecer iniciativas existentes y explorar nuevas formas de incorporar la realidad cultural y territorial en la experiencia universitaria. En este sentido, la Política de Pueblos Originarios de la Universidad de Los Lagos supone un valioso instrumento institucional, que puede permitir operativizar categorías de índole intercultural en la planificación curricular de todas las carreras y programas existentes. Incluso abre una pregunta de más largo alcance: ¿podría esta característica llegar a formar parte de un sello distintivo de la Universidad?

La respuesta no está solamente en el porcentaje. Un sello no se construye porque una cifra sea alta. Se construye cuando aquello que caracteriza a una comunidad logra expresarse de manera coherente en su formación, sus políticas, sus espacios de encuentro y su relación con el territorio.

Tal vez, entonces, lo más interesante del 40% no sea su magnitud. Es que, año tras año, sigue estando ahí. Y cuando una realidad permanece, quizás deja de ser solamente una cifra para convertirse en parte estructural de lo que somos.

Publicado por: Loreto Bustos Novoa