La conferencia “Guardianes del calor: Pobreza energética, equidad de género y el desafío de los ODS en el ámbito local” abordó cómo la desigualdad de género y la distribución de las labores de cuidado inciden en la forma en que las mujeres experimentan la pobreza energética.
En el marco del seminario Aplicaciones de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) y su impacto en la sociedad, Tamara Oyarzún, investigadora de la Red de Pobreza Energética (RedPE) y del Núcleo de Estudios Sistemáticos Transdisciplinarios (NEST-r3), presentó la conferencia “Guardianes del calor: Pobreza energética, equidad de género y el desafío de los ODS en el ámbito local”.
La exposición puso énfasis en la relación entre pobreza energética, equidad de género y bienestar, destacando las consecuencias que este fenómeno tiene en la salud física y mental de las personas, así como en sus oportunidades de desarrollo, especialmente en el caso de las mujeres. “La pobreza energética no se limita al acceso a la energía, sino que también involucra la posibilidad de satisfacer necesidades fundamentales y básicas en condiciones adecuadas, considerando la calidad de los servicios energéticos, las características de las viviendas y las particularidades territoriales y culturales de cada comunidad”, apuntó la investigadora.
El peso invisible de los cuidados
Uno de los aspectos centrales de la conferencia fue la manera en que la distribución tradicional de los roles de género profundiza la exposición de las mujeres a la pobreza energética. Al asumir una mayor proporción de las labores domésticas y de cuidado, muchas pasan más tiempo en sus hogares y deben enfrentar cotidianamente las dificultades asociadas a mantener condiciones adecuadas de temperatura y bienestar para sus familias, enfatizó Tamara Oyarzún.
Esta responsabilidad implica no solo acciones concretas para proporcionar calor y confort, sino también una importante carga mental: anticipar necesidades, administrar recursos, buscar soluciones y negociar permanentemente con las condiciones de la vivienda y la infraestructura disponible, agregó. “Se trata de un trabajo que, aunque resulta fundamental para el bienestar familiar, suele permanecer invisibilizado y recae principalmente en las mujeres. De esta manera, la pobreza energética también evidencia desigualdades estructurales vinculadas a un sistema económico que depende, en gran medida, del trabajo doméstico y de cuidados no remunerado”, dijo Oyarzún.
La experiencia cotidiana de las mujeres permite comprender que enfrentar la pobreza energética no es únicamente una cuestión de infraestructura o acceso a servicios, sino también un desafío relacionado con la equidad, el reconocimiento del trabajo de cuidados y la distribución de las responsabilidades dentro de los hogares y la sociedad.
Solidaridad y cooperación para transformar la realidad
Frente a este escenario, la conferencia relevó el potencial transformador de la solidaridad, la resiliencia, la autonomía, la creatividad y la cooperación comunitaria como herramientas para enfrentar la pobreza energética desde una perspectiva territorial.
Reconocer el papel que desempeñan las mujeres en la gestión cotidiana de la energía y el bienestar familiar constituye un paso importante para visibilizar sus experiencias y avanzar hacia soluciones que respondan a las necesidades reales de las comunidades. Sin embargo, este reconocimiento debe ir acompañado de acciones que distribuyan de manera más equitativa las labores de cuidado y promuevan mejores condiciones de acceso a servicios energéticos de calidad.
La reflexión se vinculó con los desafíos de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), al poner de relieve la necesidad de avanzar hacia comunidades más sostenibles, reducir las desigualdades y promover condiciones de vida dignas para todas las personas.
Publicado por: Paulina Ossa Magaña











