El computador que llegó en séptimo básico y sigue abriendo puertas en la universidad
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por Dr. Cristian Ferrada
Académico sede Chiloé– Departamento de Educación
Encargado Red de Profesoras y Profesores ULagos Chiloé
Instituto Interuniversitario de Investigación Educativa (IESED-Chile)

En las aulas de la Universidad de Los Lagos hay una situación que conviene mencionar: estudiantes universitarios que aún emplean los equipos informáticos que les fueron entregados durante sus estudios de primaria. Aparatos que han estado presentes a lo largo de años de estudios en búsquedas y deberes académicos y que, en la actualidad, siguen siendo instrumentos esenciales en su preparación para una profesión. Este suceso prueba que un desembolso estatal puede ir mucho más allá del instante de su asignación.

La propuesta de Presupuesto 2027, que no incluye financiamiento para las Becas de Acceso a Tecnología, Información y Comunicaciones (TIC), inicia una discusión que se extiende mucho más allá de la entrega de computadores. Durante 2026, esta política apoyó a más de 96 mil estudiantes ayudando a reducir obstáculos de acceso tecnológico.

Desde mi perspectiva académica y de investigación en educación STEM (ciencias, tecnología, ingeniería y matemáticas), creo que es vital entender que la alfabetización digital ha dejado de ser una habilidad adicional para convertirse en un requisito educativo y social. La habilidad de buscar información de manera crítica, solucionar problemas, programar y generar contenidos, son destrezas clave para integrarse en la sociedad actual.

Sin embargo, estas habilidades necesitan oportunidades verdaderas de acceso. No podemos fomentar una enseñanza con visión de futuro mientras ignoramos las circunstancias materiales que hacen posible su logro.

Es verdad que dar computadoras no asegura, por sí mismo, un mejor aprendizaje. La tecnología requiere apoyo pedagógico, capacitación de profesores y metas educativas definidas. Pero este hecho debería motivarnos a mejorar las políticas actuales, no a desecharlas por completo.

En lugares como Chiloé, donde el entorno rural, la lejanía entre zonas y las diferencias económicas afectan las opciones de educación, tener un computador puede marcar una gran diferencia. Para muchas familias comprar estos aparatos representa un gasto muy complicado de afrontar.

Por eso, al ver a nuestros estudiantes universitarios cuidar y seguir usando esos equipos recibidos hace años, percibo mucho más que tecnología. Percibo oportunidades que perduran, recursos públicos que continúan siendo aprovechados y recorridos educativos que hallan instrumentos para progresar.

Toda política pública debe ser analizada y su desempeño optimizado. Resulta válido examinar su alcance, relevancia y rendimiento. No obstante, debemos considerar si la solución es suprimir opciones o potenciar estas a través de conexión, conocimientos digitales y soporte pedagógico.

Chile no puede aspirar a liderar procesos de innovación, transformación digital e inteligencia artificial sin garantizar condiciones mínimas de acceso tecnológico. La equidad educativa también se construye mediante políticas sociales que permiten equilibrar oportunidades.

Porque detrás de cada computadora puede haber una futura científica, un profesor, una empresaria o un joven descubriendo nuevas posibilidades.
El valor real de estas máquinas no se limita al día de su entrega, sino a todas las oportunidades que siguen abriendo con el tiempo.

Publicado por: Marcelo Águila Sandoval