“Ercilla y las contradicciones del imperio” de la autora Patricia Cerda
Compartir

Comentario de Juan Carlos Gallardo Profesional de la Dirección General de Vinculación con el Medio.

 

Si los conquistadores españoles de América hubieran sido como Alonso de Ercilla otro gallo hubiera cantado. Vale la pena conocer a aquel que desnuda su alma en La Araucana, demostrando haber sido un humanista y un hombre sensible, con sentido de la justicia y el honor.

Ercilla, que a pesar de todo es obediente y leal a su rey, pese a su reprobación por los métodos de la conquista.

Ercilla, don Alonso, que descarga sus contradicciones en el papel y usa la pluma para devolverles dignidad a las víctimas.

Ercilla, el que estuvo condenado y a horas de morir a manos de su jefe, “el civilizado” gobernador, García Hurtado de Mendoza.

Ercilla, el que hizo el trayecto largo del mérito para pasar de paje en la corte a gentilhombre, luego a las penurias de soldado viviendo al límite la experiencia en la guerra de Arauco, para después graduarse de poeta inmortal.

Ercilla, el que murió triste por las pérdidas familiares y por los desaires de su Rey Felipe.

Todo esto y mucho más está narrado desde la prosa amena y directa de Patricia Cerda, la escritora chilena que vive en Berlín, autora de varias novelas, entre ellas Lucila, basada en la vida de Gabriela Mistral.

El relato, que cuenta la vida de Ercilla, está desplegado en capítulos cortos que conforman sus cuatro partes. Muchos son una especie de crónicas de viajes, que van mostrando a las cortes europeas de la época y el estado del arte político, cultural y religioso. Patricia Cerda regala historia pura de un siglo tumultuoso, con gran acopio de información, en que los personajes históricos, como el Rey Felipe II quedan muy bien retratados.

Lo más vibrante está en las vivencias de Ercilla en la guerra de Arauco, que lo inspiró para escribir La Araucana, el poema que ha sido reconocido como una especie de acta de nacimiento de la nación chilena. Patricia Cerda, hace ensamblar muy bien en el relato algunos insertos con versos de La Araucana, y describe el proceso de creación y el cómo y por qué Ercilla los escribió.

Por otra parte, los diálogos son inteligentes y precisos, como aquel que entablan Ercilla y Cervantes tomando unos vasos de oporto en un bodegón de Lisboa. Hablan de Erasmo, del humanismo y del sentido último de la literatura. ¡Qué ganas de haber sido el tercer parroquiano en la tertulia, cara a cara con los grandes de las letras hispanas! Y con los oportos, bueno, todos los que sea menester.

Ercilla llegó a nuestras costas del seno del Reloncaví, buscando junto a una compañía de soldados el estrecho de Magallanes (no sabían que estaba 2000 kilómetros más al sur). Muertos de hambre salieron del bosque después de 10 días de caminata para encontrarse con indios hospitalarios distintos de los de más al norte, que les dieron de comer y hasta los agasajaron con carne de chilihueques. Por eso dice: La sincera bondad y la caricia/ de la sencilla gente destas tierras/daban bien a entender que la codicia/ aún no había penetrado en esas sierras/ ni la maldad, el odio y la injusticia.

Pero los españoles llegan a romper con aquello: Nosotros destruyendo/ todo lo que tocamos de pasada/ con la osada insolencia el paso abriendo/…y la antigua costumbre corrompiendo.

Ha sido una gran lectura. Dan ganas de seguir con Ercilla, el conquistador diferente, el que no veía a indios bárbaros, ni a infieles sino a personas por todas partes. Y en aquellos tiempos de crueldades y avaricias, donde el supuesto mandato divino era la excusa para avasallar, allí estuvo el humanista y el poeta, junto con su La Araucana, para ser por siempre un grande de todos los tiempos.

Publicado por: Loreto Bustos Novoa
Recientes