Esta investigación internacional publicada el 23 de abril de 2026 en la revista científica Communications Biology, fue liderada por la bióloga marina y doctora en Ciencias Mención Ecología y Biología Evolutiva, Daly Noll, académica del Departamento de Ciencias Biológicas y Biodiversidad de la ULagos, y adscrita al Instituto Milenio BASE y el Centro para la Regulación del Genoma (CRG).
Un estudio de largo plazo
Lo que durante décadas fue considerado una sola especie de pingüinos ampliamente distribuida en el perímetro antártico y subantártico, desde este mes tiene una nueva clasificación con importantes implicancias para los estudios del Océano Austral, especialmente sobre conservación en escenarios de cambio climático.
El estudio “Integrative evidence reveals adaptive divergence and speciation in gentoo penguins” fue liderado por la Dra. Noll junto a un grupo de 21 destacados investigadores e investigadoras de distintos países. Para su desarrollo se integraron análisis genómicos completos, datos ambientales y modelamiento climático para comprender la historia evolutiva de esta especie. La Dra. Daly Noll explicó «El ambiente no es solo el escenario donde viven los organismos, también es una fuerza que moldea su ADN a través del tiempo, dejando huellas en su genoma. En el Océano Austral, estas diferencias ambientales han impulsado que los pingüinos papúa sigan caminos evolutivos distintos e independientes, evidenciando un proceso de especiación.»
Para llegar a esta conclusión, el equipo analizó el genoma completo de 64 ejemplares, procesó más de nueve millones de variantes genéticas provenientes de diez colonias en distintos puntos del hemisferio sur, desde las Islas Malvinas y la península Antártica, hasta las Islas Kerguelen, Crozet y Macquarie.
A pesar de su apariencia similar, las poblaciones de pingüino papúa han evolucionado de forma independiente durante cientos de miles de años. “Morfológicamente son muy parecidos, pero a nivel genético son completamente distintos”. Las divergencias más relevantes se concentran en regiones del genoma asociadas a funciones claves, como la regulación de la temperatura corporal, el metabolismo energético y la comunicación. Un hallazgo inesperado fue la variación en genes relacionados con el aprendizaje vocal, lo que podría incluso sugerir que las diferencias en las vocalizaciones podrían haber contribuido al aislamiento reproductivo.
Además del contexto ambiental, otro factor detrás de esta diferenciación es su comportamiento. A diferencia de otros pingüinos, los pingüinos papúa presentan una fuerte filopatría: es decir tiende a reproducirse siempre en la misma colonia y a permanecer cerca de ella durante todo el año. “Eso limita mucho su dispersión. No recorren grandes distancias como otros pingüinos, y eso favorece que las poblaciones se diferencien más rápidamente”, explica la investigadora. Además, su alimentación no es especializada, son generalistas lo que les permite adecuar su dieta a lo que esté disponible en el entorno.
Especie centinela
Conocer esta diferenciación tiene consecuencias directas en la conservación de las especies: mientras algunas poblaciones antárticas muestran tendencias de crecimiento, otras —particularmente las ubicadas en la región subantártica podrían enfrentar mayores riesgos frente al cambio climático. “Cuando se considera todo como una sola especie, aparece clasificada para la IUCN en la categoría de ‘preocupación menor’. Pero al separar estos grupos, vemos que algunos tienen tamaños poblacionales pequeños y nuestro estudio proyecta un mayor riesgo de cambios en su hábitat en el futuro”, advierte la investigadora.
Las proyecciones del estudio muestran que, bajo los escenarios climáticos esperados para 2050, tres de los cuatro grupos podrían perder una parte significativa de su hábitat marino. Algunos ya están en retroceso: las colonias monitoreadas en la Isla Macquarie han perdido el 50% de sus parejas reproductivas en las últimas tres generaciones.
Los pingüinos, considerados especies “centinela”, permiten anticipar cambios en los ecosistemas marinos. Por ello, comprender su diversidad real es clave para proyectar escenarios futuros. “Si no distinguimos adecuadamente estas especies, podemos subestimar riesgos importantes. Este tipo de estudios permite tomar decisiones de conservación más precisas”, concluye la investigadora.
Esta publicación es el resultado de más de una década de investigación en torno al pingüino papúa. Desde sus primeras investigaciones con marcadores genéticos específicos hasta el análisis de genomas completos, el equipo fue acumulando evidencia que hoy converge en este nuevo estudio. “Mi interés principal es entender cómo se forman las especies a partir de cambios en el ADN. Los pingüinos son un modelo que permite observar estos procesos en acción lo que se puede emplear para nuevos estudios en otras especies”, explica Noll.
El estudio contó con la participación de los Institutos Milenio Centro de Regulación del Genoma (CRG) y Biodiversidad de Ecosistemas Antárticos y Subantárticos (BASE), la Universidad de Los Lagos, la Universidad de Chile y la Universidad Andrés Bello, junto a instituciones de Australia, Reino Unido, Francia, Sudáfrica, Argentina, España, Mónaco, Venezuela y Estados Unidos. Se enmarca además en la tesis doctoral de Daly Noll en el Programa de Doctorado en Ciencias, mención Ecología y Biología Evolutiva, de la Universidad de Chile, bajo la cotutoría de la Dra. Juliana Vianna y del Dr. Elie Poulin y su proyecto Fondecyt de Postdoctorado ANID.
Publicado por: Natalia Araya Raccoursier












