“El hombre que plantaba árboles” del autor Jean Giono
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Comentario de Juan Carlos Gallardo, Profesional de la Dirección general de Vinculación con el Medio.

 

 Un relato de un mensaje claro como la primavera y simple como el trigo, lleno de optimismo y esperanza. Aquel ser humano que somos todos, hacedor de las guerras y creador de calamidades milenarias, también puede salvar a toda su especie y salvarse a sí mismo.
En medio de tantas malas noticias y amenazas de todo orden, — y el cambio climático es una de ellas–, este libro es un remanso para el espíritu y un regalo para llenar el corazón, con un ejemplo inaudito de bondad y de no esperar nada a cambio.
Había una vez en un abandonado, remoto y árido lugar de Francia un solitario hombre que era sembrador de árboles. Se llamaba Elzéard Bouffier. Seleccionaba las semillas y plantaba, a la vez que cuidaba sus treinta ovejitas. Y así durante muchos años, en los que no logró enterarse de que habían ocurrido dos guerras mundiales. Nunca esperó medallas por lo que hacía, ni reconocimientos, ni se preocupó de quién eran los terrenos yermos y marrones que con su trabajo algún día serían verdes paisajes.
Que haya o no existido no importa, aunque ¡Cuánto me gustaría que haya sido verdad! Un personaje inolvidable que merece haber vivido y ser amigo nuestro, aunque era de poco hablar. En verdad, lo importante sería la aparición de muchos Elzéard Bouffier antes de que sea demasiado tarde.
Dijo el Nobel portugués José Saramago de Jean Giono que “Sólo quien cavó la tierra para acomodar una raíz o una esperanza, podría haber escrito la singularísima narrativa que es El hombre que plantaba árboles, una indiscutible obra maestra del arte de contar”.
Leyendo este breve libro de prosa tan sencilla y casi poética, me he acordado de un cierre de la Teletón allá por los años 80, cuando el inolvidable Julio Martínez, dijo que lo que estaba sucediendo en todo el país con el despliegue generoso de la ayuda de todos, era “Un canto a la vida y un canto al amor” y nos dejó a todos llorando. La solidaridad y la inclusión unían esa noche al país, aún en medio de la dictadura. Este libro es también un canto a la bondad y al amor a la naturaleza; y un regalo a lo que ahora conocemos como sostenibilidad, palabra que aún no existía cuando se escribió, pero su autor ya tenía el concepto.
Si cada uno de nosotros hiciera algo, por pequeño que sea para cambiar las cosas, tendríamos el bienestar asegurado para los que vendrán. Las pequeñas buenas acciones crecen y se multiplican más rápido de lo que se pueda imaginar.

Publicado por: Loreto Bustos Novoa