Académica ULagos transforma sus recuerdos de infancia en su primer libro infantil
Sede Chiloé
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Una historia marcada por la exploración, la naturaleza, la familia y los recuerdos de una infancia sin internet ni celulares dio vida al primer cuento infantil de Verónica Barría Jerez, directora docente de Técnico Universitario en Educación Parvularia. La obra busca acercar a niños y niñas a un mundo de imaginación y descubrimiento, pero también recuperar aquellas memorias familiares que con el paso del tiempo pueden comenzar a desaparecer.

Hay historias que nacen de la imaginación y otras que aparecen cuando la vida obliga a detenerse. Para Verónica Barría Jerez, académica de la Universidad de Los Lagos, fue precisamente en un momento de pausa cuando comenzaron a regresar los recuerdos de su infancia y, con ellos, la idea de transformarlos en un libro.

Su primer cuento infantil surge a partir de una experiencia personal de introspección, en la que comenzó a recuperar escenas, personajes y pequeños relatos de aquellos años en que su principal escenario de juego era una parcela familiar. Un espacio donde no existían las redes sociales, internet ni los celulares y donde explorar la naturaleza era parte cotidiana de ser niña.

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“Esta historia nace de un proceso quizás de reposo, de una licencia médica, en la cual es una instancia en que uno se encuentra con las emociones, se encuentra con su propio silencio”, relata Verónica. Fue en ese espacio donde comenzó a escribir, inicialmente como una forma de autocuidado, hasta descubrir que aquellos recuerdos podían convertirse también en una historia para compartir con otros.

La protagonista es una niña inquieta y exploradora, que encuentra en los árboles, los animales, los insectos y los distintos rincones de la parcela un universo propio. Una infancia marcada por la curiosidad y por una manera particular de observar el mundo.

“Yo no era niñita sentada con vestidito, era una niñita que siempre estaba arriba de los árboles, de las copas de los árboles, donde el mundo de arriba me hacía mucho más sentido que el mundo de abajo”, recuerda.

Esa niña soñadora, observadora y aventurera es también el punto de partida de una historia que busca conectar con las nuevas generaciones. El libro está pensado principalmente para niños y niñas desde los 3 hasta los 8 años, aunque su propuesta puede extenderse a edades mayores y también ser utilizada por mediadores y estudiantes vinculados a la educación parvularia.

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Una infancia entre árboles, animales y fantasía

Uno de los elementos centrales del relato es el contacto con la naturaleza. Libélulas, árboles, palotes, animales y distintos elementos del entorno aparecen como parte de un mundo que Verónica recuerda con especial nitidez.

La autora incluso incorpora palabras destacadas dentro del texto para estimular el vocabulario de niños y niñas y despertar su curiosidad por aquello que los rodea.

Pero la naturaleza no es el único territorio que recupera la obra. También aparecen la familia, las conversaciones en torno a la mesa, las travesuras, los vecinos y aquellas personas que formaron parte de la vida cotidiana de la protagonista.

“Tiene que ver con las conversaciones, con mirarse, con sentirse, no estar con el celular, obviamente, en esta mesa, cuando estamos en un momento de placer, que es en la comida”, explica.

En ese ejercicio de memoria también adquieren protagonismo figuras familiares y personas que estuvieron presentes durante su infancia. Entre ellas, su padre, quien tocaba acordeón y cuya música quedó asociada a las tertulias familiares de invierno.

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Escribir para recordar

Más que recuperar únicamente anécdotas, el proceso de creación permitió a Verónica reencontrarse con distintas dimensiones de su historia familiar. Incluso algunas de esas memorias adquirieron un nuevo significado al compartirlas con sus cercanos.

Uno de los momentos más significativos ocurrió al mostrarle los borradores a su madre, quien actualmente enfrenta un avanzado proceso de Alzheimer. A través de las imágenes y recuerdos presentes en el libro, logró reconocer algunos momentos y elementos de aquella vida familiar.

“Yo siento que es un momento importante encontrarse con las emociones. Muchas veces somos demasiado funcionales, demasiado desde el hacer, pero encontrarnos con nuestras emociones, pucha que nos cuesta”, reflexiona.

En ese sentido, el libro también aparece como una forma de preservar la memoria. De dejar registro de aquello que quizás con el tiempo puede perderse, pero que sigue teniendo un profundo valor para quienes lo vivieron.

“Como mujer, yo creo que todas tenemos algo que contar”, sostiene.

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Una historia que también puede ser compartida

El proyecto contó además con un proceso de ilustración que permitió transformar fotografías de la infancia de Verónica en imágenes para el libro. El resultado, reconoce, fue especialmente emocionante, porque encontró en esas ilustraciones una representación muy cercana de aquella niña que recuerda.

“Sentía que ella (Romina Camoranesi, ilustradora) me representaba muy bien. Del momento de verme en una foto de infancia y verme acá dibujada con los ojos sumamente soñadores, sí, exacto, esa era yo. Esa era yo, o esa soy yo”, cuenta.

A la propuesta se suman también stickers, pensados como un recurso que permita a los niños y niñas intervenir el relato, construir nuevas historias y participar activamente de la experiencia de lectura.

Así, el libro no busca solamente contar una historia del pasado. También propone abrir un espacio para que cada lector pueda imaginar, jugar, observar y construir sus propios mundos.

Para Verónica, terminar esta primera publicación significó cerrar un proceso profundamente personal. “Me emociona muchísimo haberlo terminado”, reconoce, recordando el momento en que recibió el libro terminado y pudo verlo finalmente convertido en una obra concreta.

Un relato aparentemente sencillo terminó convirtiéndose en una forma de volver a mirar la infancia, recuperar voces, personas y lugares, y dejar esas memorias disponibles para nuevas generaciones.

Porque, como resume la propia autora, aquella historia fue plasmada “desde mi corazón y desde mi alma”.

Publicado por: Marcelo Águila Sandoval