Cuando pensamos en la producción lechera del sur de Chile, probablemente aparece una postal conocida: vacas pastando sobre verdes praderas, el aire húmedo, los campos abiertos y ese paisaje que parece no tener fin. Es una imagen profundamente ligada a la identidad del sur y a su tradición ganadera. Lo interesante es que si miramos más allá de la pradera, aparecen otros protagonistas. Entre los potreros aparecen bosques nativos, quebradas, humedales y corredores de vegetación que atraviesan los campos, espacios que muchas veces pasan desapercibidos, pero que cumplen un papel esencial en el funcionamiento del paisaje.
Los bosques nativos generan resiliencia climática porque actúan como franjas de protección, islas o remanentes que resguardan al ganado del estrés térmico y los eventos climáticos extremos; protegen la biodiversidad fomentando la conservación de la flora y fauna endémica, mejorando la provisión de agua y la calidad del ecosistema en las zonas de pastoreo y representan la posibilidad de sortear exigencias de los mercados ya que los nuevos grupos de consumidores internacionales y nacionales exigen trazabilidad verde y contar con un balance positivo de carbono otorga una ventaja competitiva al sector lechero chileno.
En el nuevo estudio publicado en la Revista Agroforestry, por el grupo multidisciplinario de investigadores del programa Cero Huella de nuestra Universidad de Los Lagos: “Acciones de los agricultores hacia la sostenibilidad: una metodología basada en evidencias para ecosistemas de bosque nativo que sustentan la ganadería de bajo carbono en sistemas lecheros con pastoreo” se cuantificaron sistemáticamente los almacenes de carbono de los bosques nativos de predios comerciales lecheros del sur de Chile. En un trabajo de campo caracterizado por un muestreo intensivo y estructurado, diseñado para representar la alta variabilidad de los bosques nativos fragmentados ubicados al interior de 6 predios lecheros comerciales. Se midieron un total de 107 parcelas de 500 m² en seis predios, con alta intensidad de muestreo en las zonas más heterogéneas. Se registraron todos los árboles vivos (DAP ≥ 5 cm), el sotobosque, la hojarasca, la necromasa y el suelo; generando información detallada sobre la estructura y los distintos componentes del carbono para los cinco niveles de almacenamiento descritos por el IPCC (https://www.ipcc.ch/). Con el fin de reducir la incertidumbre y proporcionar datos de terreno confiables para la modelación espacial del carbono.
La fortaleza de este trabajo, es la de la metodología publicada, que se basa en combinar muestreo intensivo en terreno, imágenes Sentinel-2 y modelos de aprendizaje automático Random Forest. Las parcelas aportan información precisa sobre la realidad del bosque, mientras la teledetección permite ampliar espacialmente las estimaciones y monitorear su evolución. Esta integración es especialmente relevante en los sistemas lecheros, donde los bosques nativos se presentan como fragmentos pequeños y heterogéneos. Por otro lado, la alta densidad de muestreo permite representar mejor esta variabilidad y reducir la incertidumbre, generando una base sólida para escalar las mediciones hacia un monitoreo territorial. Esto abre la puerta para que los sistemas de certificación, los balances de gases de efecto invernadero a nivel de predio y los futuros proyectos de créditos de carbono reconozcan formalmente el aporte de los agricultores que cuidan el bosque dentro de sus propiedades.
Los investigadores describen un crecimiento del almacén de carbono de estos bosques nativos a un ritmo promedio de 3,2 toneladas por hectárea al año. Para llegar en 2021 a almacenar un total de 113.751,4 toneladas de carbono con un promedio de 157,7 toneladas por hectárea. Más aún, en 5 años, los bosques de estos 6 predios ganaron en conjunto 12.598,3 toneladas de carbono, lo que equivale a remover de la atmósfera unas 46.194 toneladas de CO2, lo que es cercano a lo que llegan a emitir 650 vuelos comerciales ida y vuelta entre Santiago y Punta Arenas o a la huella de carbono que dejan 1.200 camiones cruzando el país de punta a punta durante un año.
Una lechería más sustentable también se construye desde el bosque.
Ante la creciente necesidad de conocer el balance de carbono de los sistemas lecheros de nuestra región, surge la necesidad de medir los sumideros o almacenes de carbono como el suelo y el bosque nativo. Y responder interrogantes como: ¿cuánto carbono almacenan los bosques nativos dentro de los predios productores comerciales de nuestra región lechera?. Apoyando las decisiones de los productores lecheros que involucran proteger, aumentar y gestionar el bosque nativo de forma sustentable como un servicio ambiental clave.
Esta investigación invita finalmente a ampliar la manera en que observamos los paisajes lecheros del sur de Chile. Entre las praderas y los animales existen pequeños fragmentos de bosque que forman parte de la historia productiva y ecológica de estos territorios. Hoy, la ciencia permite comenzar a cuantificar una parte de su contribución. Para una universidad regional como la Universidad de Los Lagos, generar este tipo de conocimiento representa también una forma concreta de vincular ciencia, innovación y territorio: desarrollar investigación de estándar internacional, responder preguntas que emergen de la realidad regional y avanzar hacia herramientas que permitan a los sectores productivos tomar mejores decisiones frente a los desafíos del cambio climático.
Los y las investigadoras, además, diseñaron una plataforma de monitoreo con la que se abre la posibilidad de monitorear el carbono de los bosques mediante información satelital, lo que permitirá avanzar desde mediciones puntuales hacia sistemas de seguimiento territorial. Esto puede contribuir, en el futuro, a mejorar la gestión predial, orientar acciones de conservación y restauración, evaluar prácticas de manejo y fortalecer la capacidad de los productores para demostrar avances en sustentabilidad.
“Nuestra experiencia muestra precisamente esa orientación. El Programa ha desarrollado iniciativas junto a productores, cooperativas y empresas, abordando temas como emisiones de GEI, mitigación de metano, uso de algas, economía circular y gestión de residuos agrícolas. En este proceso, el territorio no es solamente el lugar donde se aplican los resultados de la investigación. Es también el espacio desde donde surgen las preguntas científicas”, destaca la Dra. Viviana Bustos, agradeciendo además “la participación activa y la disposición a las mediciones de los bosques nativos y formaciones arbustivas de los predios: La Querencia SpA, Las Vertientes, Amancayes, Agrícola Casas del Sur Ltda. y Pitriuco, propiedad de productores lecheros de las regiones de Los Ríos y Los Lagos”.
El trabajo también forma parte de una agenda institucional más amplia impulsada por la Universidad de Los Lagos a través del Programa de Investigación Cero Huella, que articula capacidades científicas en torno a la mitigación y adaptación al cambio climático, la producción sustentable de alimentos y bioinsumos, las soluciones tecnológicas para la sustentabilidad y el enfoque integrado de salud humana, animal y ambiental. Desde esta perspectiva, estudiar el carbono de un bosque nativo dentro de una lechería no constituye una investigación aislada. Es parte de una transición hacia una nueva forma de comprender los sistemas productivos: menos lineales, más circulares, basados en evidencia y capaces de integrar productividad, conservación y resiliencia climática.
Significa que la investigación científica de alto nivel puede desarrollarse desde el territorio, dialogando con sus productores, empresas, comunidades e instituciones; generar conocimiento que alcanza estándares internacionales y, al mismo tiempo, volver al territorio convertido en soluciones, capacidades y nuevas oportunidades.
**Investigadores e Instituciones participantes
Viviana Bustos (Investigadora responsable / correspondencia). Laboratorio de Carbono y Cambio Climático / Programa de Investigación Cero Huella, Departamento de Acuicultura y Recursos Agroalimentarios, Universidad de Los Lagos (Osorno, Chile).
Efraín Duarte. Laboratorio de Carbono y Cambio Climático, Departamento de Acuicultura y Recursos Agroalimentarios, Universidad de Los Lagos. / Agricultural Research Service (ARS), Forage and Range Research Laboratory, United States Department of Agriculture (USDA) (Logan, Utah, EE. UU.). / SCINet Program y ARS AI Center of Excellence, Office of National Programs, USDA Agricultural Research Service (Beltsville, Maryland, EE. UU.).
Elisavet Zoupanidou. GEDT Institute/Hub, Université de Genève (Ginebra, Suiza).
Patricio Barría. Consultora Sociedad Forestal Bosques de Paimún Ltda. (Valdivia, Chile).
Claudia Garrido‑Ruíz. Laboratorio de Carbono y Cambio Climático, Departamento de Acuicultura y Recursos Agroalimentarios, Universidad de Los Lagos (Osorno, Chile) / Department of Plants, Soils and Climate, Utah State University (Logan, Utah, EE. UU.).
Alexander Hernández. Agricultural Research Service (ARS), Forage and Range Research Laboratory, United States Department of Agriculture (USDA) (Logan, Utah, EE. UU.).
José I. Orellana. Instituto de Biología, Facultad de Ciencias, Pontificia Universidad Católica de Valparaíso (Valparaíso, Chile).
Benjamín Glasner. Laboratorio de Carbono y Cambio Climático / Programa de Investigación Cero Huella, Universidad de Los Lagos (Osorno, Chile).
Financiamiento del estudio: Este trabajo se desarrolló en el marco del proyecto intramural de la Dirección de Investigación de la Universidad de Los Lagos: RTI 12/2019 «Determinación de Emisiones Netas de Gases de Efecto Invernadero en Predios Lecheros en el Sur de Chile».
Publicado por: Natalia Araya Raccoursier


















