Por Pilar Aparicio
Investigadora y posdoctorante del Centro i~mar
Este 6 de octubre, es el Día Mundial del Hábitat, y mi pregunta es: ¿pensamos alguna vez en ese inmenso, diverso e imprescindible entorno que nos permite habitar? Y, como organismo, ¿somos conscientes de dónde habitamos?
En ciencia, el hábitat se describe como “el lugar o ambiente de condiciones óptimas para la vida y supervivencia de un organismo, ya sea animal, vegetal, macro- o microrganismo”. Dejando ver cómo desempeña un rol esencial. Sin embargo, el hábitat como ambiente suele quedar opacado y relegado a un segundo plano por las especies que lo habitan.
No obstante, es gracias a este entorno que podemos existir, convivir y prosperar. Ahora bien, este entorno no es solo un trozo de tierra o parcela de agua donde asentarse y vivir; el hábitat es ese ambiente físico, químico y biológico donde habita una comunidad diversa, tanto animal como vegetal, que conviven en consonancia al ritmo de la vida. No debemos olvidarlo ni denostarlo, sino que debemos apreciar cada “paso” que damos en él como parte intrínseca y dependiente. No podemos obviar el hecho de que el lugar en el que nacemos y nos asentamos, en el que habitamos, es el que nos provee de pilares básicos como el agua y los alimentos, nos resguarda de inclemencias climáticas y nos permite vivir. Porque al final no solo es que habitemos en él, sino que somos parte de él. Somos un organismo más de los que conforman el hábitat.
Por ello, nuestras acciones como un organismo que habita tienen sus impactos. Tanto el cambio climático, como la contaminación ambiental y la explotación humana, modifican el hábitat, exponiéndolo a múltiples estresores y riesgos que lo han llevado no solo a mutar y reorganizarse, sino a situaciones extremas en el que ese entorno pasa a ser un lugar inhóspito en el que vivir o sobrevivir ya no es una opción para múltiples especies, pues ya no encuentran ese ambiente en el que poder habitar.
En Chile tenemos el privilegio de contar con una gran diversidad de hábitats, terrestres y acuícolas, que no solo debemos conocer sino valorar. La creciente presión demográfica en hábitats como los humedales, o la sobreexplotación de recursos en los bosques esclerófilos, junto con el cambio climático, están llevando a la pérdida y destrucción del hábitat y con ello a la extinción de especies. Pero, como dijimos, el hábitat no es fijo, sino que puede adaptarse y cambiar. Quizás ese sentimiento falso de seguridad de que mañana cuando despertemos el entorno en el que habitamos seguirá ahí imperturbable y listo para darnos lo que queremos nos impide darnos cuenta que el hábitat no es un elemento inerte e infinito que da sin recibir.
No lo confundas con el suelo que pisas, ya que es más que eso, es un “multiorganismo” que palpita, que siente y se adapta a los cambios, pero que también tiene un límite, pudiendo llegar a desaparecer si seguimos presionándolo y alterándolo. Por ello, celebremos este día tan importante y, como un organismo más de la comunidad que habitamos, conectémonos con nuestro entorno, conozcámoslo, respetémoslo y protejámoslo, pues todavía estamos a tiempo de mantener, restaurar y recuperar entornos que no solo admiramos, sino que necesitamos.
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