Cristina Carrasco, economista feminista: «El trabajo doméstico nunca se ha contabilizado en el PIB»
Campus Pto Montt
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Para Cristina Carrasco, economista feminista, el trabajo doméstico tiene un papel fundamental en la reproducción de la población y de la fuerza de trabajo, pero no tiene reconocimiento, ni valor social, pese a que diariamente produce muchos bienes y servicios.  “El sistema de mercado no tiene la capacidad de reproducir su propia fuerza de trabajo. Con los salarios sólo compramos algunas cosas, pero esa remuneración no es capaz de mantener la fuerza de trabajo que está integrada a las familias. La reproducción de la fuerza de trabajo necesita del trabajo doméstico no remunerado, requiere de alguien que se encargue de las labores hogareñas, de preparar comida, de alguien que cuide a otros. Entonces, se produce la expoliación de una enorme cantidad de trabajo no remunerado, para que el sistema siga funcionando. Lo que esconde el trabajo doméstico es la vida del capital, que sin ese trabajo invisible no podría reproducirse”, explicó la economista.

“La economía feminista: Ruptura Teórica y Propuesta Política” es el nombre de la charla de Cristina Carrasco, realizada en el contexto del Ciclo de Charlas: Paradigmas emergentes en tiempos de cambios organizado por el programa ULagos Sustentable, la Dirección de Igualdad de Género y el electivo de formación integral “Sustentabilidad y Cambio Climático”.

La investigadora agregó que el trabajo doméstico y de cuidados, nunca se ha contabilizado en el PIB, cuestión que está relacionada con el sistema patriarcal. “Es un trabajo que hacen fundamentalmente las mujeres y crea enormes desigualdades en el mercado laboral. Por ejemplo, con el teletrabajo la posición laboral de las mujeres ha retrocedido y se están retirando del mercado del trabajo porque deben cuidar a sus hijos en casa. Los cuidados son inherentes a la vida humana y a la naturaleza, es una parte fundamental de la reproducción, no obstante se ha naturalizado que lo hagan las mujeres, millones en todo el mundo hacen este trabajo, para que el mundo pueda seguir funcionando. Esto deriva en un empobrecimiento específico de las mujeres, que así perciben menores ingresos y pensiones. Por lo tanto, en el sistema actual, la igualdad es imposible. El hombre puede funcionar como ‘homo economicus’ porque tiene a alguien en casa cuidando el hogar, para que él siga dedicándose cien por ciento a trabajar y consumir”, sostuvo Cristina Carrasco.

Economías alternativas

En su exposición, Cristina Carrasco planteó que hay distintas líneas, en relación con la economía feminista, que generan debate. No obstante, se refirió a dos corrientes principales; una que postula la igualdad entre hombres y mujeres, en el campo económico, salarial, en puestos de trabajo, participación mercado del trabajo y puestos directivos, pero sin romper con el sistema.

Una segunda línea se denomina economía feminista de la ruptura, que es anticapitalista, antipatriarcal, anticolonialista y respetuosa con la naturaleza. Promueve cambios más profundos, para ir mucho más allá de la igualdad. “Porque no es posible conseguir igualdad en el sistema que tenemos”, comentó la economista.

La especialista sostuvo que esta última economía feminista comenzó criticando la economía dominante, cuyo único objeto de estudio es el mercado (PIB, consumo, distribución). “Todo lo resuelve el crecimiento. Tiene fronteras que le impide mirar que todo proviene de la naturaleza y en cambio la explota. Genera la acumulación de capitales, con un ‘homo economicus’ que representa a la persona racional que toma decisiones de mercado, que nunca envejece, nunca se enferma, no tiene otras necesidades, todo lo compra con dinero, nadie lo cuida, no cuida a nadie y no necesita a la naturaleza”, indicó Carrasco.

Frente a este constructo, la economía feminista se plantea como alternativa, porque rompe las fronteras cerradas de la economía dominante, y mira hacia la naturaleza y hacia los trabajos no remunerados, que son necesarios para que la sociedad siga existiendo. Por ejemplo, el trabajo voluntario que es fundamental para la cohesión social, así como el trabajo doméstico.

La economía feminista plantea que tenemos a la naturaleza como frontera, porque somos interdependientes y sin ambas dependencias la vida no es posible. Plantea debatir en torno a qué vida sostenemos y cómo la sostenemos, que tiene que ver con incluir la vida doméstica en el sistema económico, con la gestión de los tiempos, descentrar los mercados, debatir qué bienes nunca deberían dejarse en manos del mercado como el agua, la energía y promover nuevas estructuras de consumo-producción. “También es necesario rechazar la división sexual del trabajo y desfeminizar todas las labores de cuidado; ir creando alternativas distintas desde los movimientos sociales. Hoy se abre una ventana frente a la crisis económica que se viene, para discutir con otras economías cuáles son los puntos de encuentro, así como dialogar con los saberes de pueblos ancestrales. Cuando nada está seguro, todo posible”, aseguró Cristina Carrasco.

 

Publicado por: Paulina Ossa Magaña